El cuerpo como instrumento de vivir, tiene la posibilidad de transformar la vivencia en creación; puede manifestar arte y entrenarse en la entrega de crear. La hoja en blanco: el reino de la posibilidad; un punto lo cambia todo, el ser puede estar en ese punto. Despertar en el cuerpo la expresividad, utilizar la pintura como medio de habitarse.

El acto de pintar más relacionado a una forma de meditar que a la fabricación de un objeto. La imagen como resultado visible de un proceso interno.

Despertar en el cuerpo la expresividad. Exploración en la gestualidad pictórica de los ritmos naturales de la expresión (fluido, staccato, caos, lirico, quietud). Vivirlos, organizarlos y darles lugar en la obra. Danza invisible que mueve el pincel.

Aprender a leer la pintura en la experimentación. Experimentar y reconocer. Saber recoger las semillas que aparecen en cada pintura, pudiendo plantarlas en próximas obras, hasta ver el fruto del proceso y la síntesis natural. Generar una confianza en el proceso, valorar lo que nace del juego abierto. El encuentro con lo impredecible, su simbolismo y transformación.

Según la búsqueda personal se indagan materiales y sus aplicaciones. Los aprendizajes particulares de la pintura (color, espacio pictórico, desarrollos formales, composición, lenguaje personal) que se experimentan a un ritmo propio, desplegándose el repertorio gestual de cada uno. El lazo grupal provee reconocerse en la diversidad.

Jóvenes y adultos con o sin experiencia previa. Un encuentro semanal.

Coordina: Lucia Sorans
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